PV-66 (Las Lagunitas)  

 

 

PV-66 (Las Lagunitas)

     Este sitio fue el segundo de tumbas de tiro y bóveda saqueado en la zona de Las Palmas. El saqueo en este sitio se llevó a cabo bajo la dirección de un "monero experto", un Sr. Yáñez, que un grupo de hombres de Las Palmas trajo de San Felipe de Hijar, Jalisco para enseñarles como encontrar "monos".  Este señor pasó un año y medio radicando en Las Palmas y dando una "escuela de campo" en como encontrar "monos" a 16 hombres locales, algunos de los cuales aprendieron muy bien como hacerlo y siguieron en esa "carrera" después de que el "maestro" regresó a San Felipe de Hijar.

     Según un señor de Las Palmas, la búsqueda de monos en este sitio fue llevado a cabo hace unos 25 años (en 1968) por algunas de las mismas personas que al mismo tiempo estaban saqueando tumbas en el sitio PV-67 (El Pozo de Doña Amparo).  En Las Lagunitas hallaron aproximadamente 12 tumbas alrededor de la base de una colina natural, todas las tumbas en un solo "surco", y cada tumba a 3.0 a 3.5 m de la otra.  Siete a ocho de las tumbas eran del tipo tiro y bóveda, y todas tenían una sólo bóveda excepto una que tenía dos.  Las tumbas llegaron a unos 2 m de profundidad debajo de la la superficie, y las bóvedas fueron excavadas adentro de la base de la colina. La puerta de cada bóveda estaba tapada con dos lajas.

     Adentro de las bóvedas los saqueadores encontraron "muchos muertos, acostados y extendidos con los pies hacia la puerta de la tumba".  Las ofrendas eran diferentes a las ofrendas encontradas posteriormente en El Reparito (PV-45).  En este lugar los monos "salieron rayados, pintos y feos". No hallaron malacates en estas tumbas, pero sí hubo muchas lanzas, flechas y cuchillos de obsidiana. También hallaron muchos silbatos "en la forma de palomas, estrellas, o de una bola con una sonaja adentro".  También de estas tumbas salieron cuentas de collar fabricadas de hueso y de colmillos largos y blancos, "como de jabalí o caimán".  Además, había conchas chiquitas del mar.  Adentro de una tumba hallaron una maqueta redonda "como un kiosco" con 6 músicos tocando flautas, unos de ellos sentados y otros parados.  También hallaron unas bolas barrenadas (¿cuentas?) de piedra dura y muy lisa, de color verde, blanco, rojo, o azul.  Algunos pozos que parecían tumbas estaban rellenadas con puras piedras (cantos arroyeros y piedras del cerro), y en otras tumbas no hallaron ni muertos ni ofrendas.

     Al noroeste de la colina los saqueadodres encontraron una tumba de tiro y bóveda solitaria. Seis o siete personas trabajaron en la excavación de esta tumba.  El tiro llegó a 2 m o 3 m de profundidad, y la bóveda midió aproximadamente 2 m de diámetro.  La puerta estaba tapada con dos lajas, y adentro de la bóveda hallaron los huesos de unas cinco personas.  Encontraron cántaros grandes adentro de la tumba, un cántaro para cada difunto, así como cuatro a cinco platos, más unos monos chiquitos y algunos malacates.

     Este sitio de tumbas está a la orilla de un parejo amplio en donde nuestro informante dijo que había alguna vez muchos cimientos de estructuras que han sido destruidas por el arado.  Sin embargo, una búsqueda intensiva del campo de cultivo al norte, al oriente y al sur de la colina, así como en la superficie de la colina, rindió sólo cinco tiestos de cerámica, ninguno diagnóstico, y una lasca de obsidiana verde.  Sin embargo, es aparente de nuestro estudio de la zona que toda esta zona ha perdido mucho suelo (y me imagino artefactos) por la erosión.

     Como en muchos otros casos en el municipio de Puerto Vallarta, sin la información de un informante hubiera sido imposible reconocer el significado de este sitio, y probablemente sin la información del informante ni siquiera hubiéramos registrado el lugar como sitio arqueológico debido al escasez de artefactos en la superficie.

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